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Como se dice el Agua es Vida. Lo que diferencia nuestro planeta
como un punto vivo en un espacio oscuro y muerto es la presencia
del agua y del aire. Por esa razón se le da el nombre
de Planeta Azul.
Desde la inmensidad del espacio la Tierra aparece como un
pequeño punto luminoso, azul y blanco y se hace evidente
que los recursos naturales son finitos y que nuestro planeta
es una frágil excepción en la cual se aloja
la vida.
Si examinamos la distribución del agua en la Tierra,
se encuentra que el 97% se encuentra en los océanos
y que solamente el 3% es agua dulce. El 79% del agua dulce
se encuentra concentrada en los casquetes polares y en los
glaciares, el 20% se encuentra como agua subterránea
y apenas un 1% es agua superficial fácilmente accesible.
La composición de este 1% señala que el 52%
se encuentra en los lagos, el 38% en forma de humedad del
suelo, el 8% en forma de vapor atmosférico y un 1%
en los ríos. Es decir, que el agua corriente que es
la que utilizamos de manera más directa y frecuente,
es apenas una diezmilésima parte del total del agua
que hay en el Globo.
Las cifras anteriores ponen de presente la limitación
de la cantidad de agua dulce superficial fácilmente
accesible, que es la que se utiliza más intensamente
en especial en los países del Tercer Mundo.
El agua es pues un recurso escaso y limitado a pesar de que
se le trata como renovable por su capacidad de autopurificación
y la dinámica del Ciclo Hidrológico. Además
la distribución del agua sobre el planeta no es homogénea
y los niveles de demanda asociados con mejoras en la calidad
de vida y con el aumento vegetativo de la población,
llevan a que el número de personas que carecerán
del agua suficiente para cubrir satisfactoriamente sus necesidades
mínimas que era de 132 millones en 1990, llegará
a 904 millones en 2025. Para el mismo año alrededor
de 3000 millones de personas vivirán en países
con algún grado de escasez de agua.
Esta situación obedece al constante aumento en la
demanda por el recurso originado por el incremento de la población
y a la presión de unos patrones de consumo cada vez
más exigentes en términos de consumo de agua,
asociados con mejoras en la calidad de la vida y con la generalización
de procesos productivos de gran escala que no siempre son
eficientes y cuidadosos con respecto al empleo del agua. Adicionalmente
la disponibilidad de agua "limpia" se reduce constantemente
por la contaminación originada en la actividad humana
y con el deterioro de la distribución temporal del
agua disponible, debida a la alteración humana de las
cuencas productoras, en especial de su cobertura boscosa,
que produce una desregulación de sus caudales.
La presión sobre el recurso ha sido tal que el consumo
de agua se ha incrementado 6 veces entre 1900 y 1995 es decir
un crecimiento mayor en un 100% que el de la población.
Este elevado consumo también responde a una cultura
del desperdicio basada en patrones de consumo insostenibles.
Se concluye que la presión sobre el agua a nivel planetario
se irá incrementando muy fuertemente en las próximas
décadas, lo cual dará origen a problemas entre
países que comparten cuencas y ríos y a situaciones
de conflicto sin antecedentes en la historia humana. Se prevé
que las guerras del futuro serán en buena medida las
guerras del agua.
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